Hacía mucho tiempo que no me ponía a escribir. Desde entonces han pasado muchas cosas. Nunca se sabe qué te puede deparar el futuro y dónde puedes estar mañana. Solo sé que estoy viviendo una grandísima experiencia, estoy de erasmus.
Uno no sabe lo que es coger y viajar a otro país sin conocer a nadie, sin saber su cultura, sin saber cómo llegar a la dirección de su próxima casa y, lo más importante, sin saber hablar el idioma, hasta que no lo hace. Lo mejor está por llegar, y llega. Y es, precisamente, cuando llegas y te das cuenta de que ahora comienza una nueva vida.
Ya no vale ninguna excusa, te tienes solo a ti mismo. Hasta que comienzas a relacionarte con gente, cabe destacar que muchos te acompañarán pero pocos se volverán importantes. No toda la gente que conoces vale lo mismo, solo unas cuantas personas. Y entonces comienzas a hacer planes, decides viajar, conocer mundo, te dejas llevar... y es cuando, a mitad del proceso, te das cuenta de que no solo estás conociendo a gente, sino que, además, estás empezando a conocer a la persona más importante, a ti mismo.
Venecia, Rímini, San Marino, Nápoles, Capri, Bucarest, Cracovia, Wroclaw, Auschwitz, Copenhague... quién sabe qué deparará el futuro. Lo único que puedo decir a ciencia cierta es que cada persona que he conocido es un mundo, he aprendido, he enseñado, he recibido lecciones pero, sobre todo, siempre me quedo con lo bueno. Por más grandes momentos, por los que han sido y por los que vendrán.
Lo admito, soy una afortunada, para que me voy a engañar.
Lo admito, soy una afortunada, para que me voy a engañar.
